Estadio Nacional: De la madera, al cemento, a la historia

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(Por Carlomagno Chacón Araya, Arquitecto – Fotografías José Campos)

-¿Y usted es arquitecto?

Era febrero de 1988 y con esa pregunta del que iba a ser mi jefe, inicié mi carrera en el área de las instalaciones para el deporte y la recreación, donde me esperaban grandes retos, en un campo de especialización de gran complejidad y precisión pero lleno de aprendizaje y satisfacciones.

– No, soy egresado y estoy buscando un tema para mi proyecto de graduación, contesté.

No imaginé que desde ese momento mi vida iba a estar muy ligada a la de nuestro Estadio Nacional. Es más, mucho antes y sin saberlo esa cercanía se daba; mi abuelo, el poeta, contaba que en su lucha por el sustento diario trabajó como carpintero en la iniciación del Estadio en La Sabana, allá por noviembre de 1924.

Ahí fue donde se definió la cuna del coliseo, con pronunciamientos en contra y a favor de su ubicación, en el bello llano de Mata Redonda. Cincuenta mil colones se destinaron para los gastos de su construcción, con paredes de calicanto y con buenas maderas sus edificios según se dijo.

A finales de diciembre de 1924 fue inaugurado el primer Estadio Nacional que se construyó en nuestro país, con cancha de 92 x 120 metros y pista para carreras de 8 metros de ancho. “Ante Dios y ante el Estadio, que es orgullo nacional, juráis cumplir fielmente las leyes y los reglamentos por los cuales se regirán las Olimpiadas”, decían así los deportistas que participaron en las justas que se desarrollaron entre diciembre de 1924 y enero de 1925.

A mediados de 1936, cuando se quería dividir La Sabana en dos partes, Aeropuerto Internacional y deportes, se hacían esfuerzos buscando fondos para construir la gradería de sol en concreto, pues la de madera estaba muy deteriorada; el tiempo pasó su factura cuando se derrumbó un tramo de la tribuna en sol, era el domingo 13 de setiembre y el accidente sucedió antes de iniciar un esperado encuentro entre el equipo favorito, Libertad, contra el Cartaginés que traía una serie de triunfos. Unos 15.000 aficionados estaban en el Estadio cuando se escuchó un estruendo en sol, se había derrumbado un tramo en el sector oeste, por dicha no hubo heridos graves, ese día ganó Libertad 2 x 0.

En ese mismo mes don León Cortés Castro, presidente de la república colocó la primera piedra de la nueva gradería de sol, utilizándose también ese mismo año, para el partido final lo que podríamos llamar la primera caseta de transmisión, ubicada detrás del marco este del Estadio. Los precios de las entradas subieron, de un colón diez a un colón cincuenta, con el fin de recoger para la gradería de sol.

En el diario “La Hora” del 16 de setiembre de 1936, se pedía: “construir una gradería de concreto que resista los gritos y los saltos de los fanáticos que concurran a pruebas como la del domingo anterior”.

Y así fue, a partir de ese momento se renovó nuestro estadio utilizando mejores materiales, más resistentes a los esfuerzos a que iba a ser sometido. Se inauguró el 8 de mayo de 1941 la gradería de sombra, el campo de fútbol se marcó de 75 x 100 metros, era el Campeonato Centroamericano y del Caribe de Fútbol que ganó Costa Rica 3 x 1 en una final contra El Salvador. Luego vino la iluminación en 1953, inaugurada en un partido de entrenamiento de nuestra selección que se preparaba para el sexto campeonato Centroamericano y del Caribe, el cual ganó en forma invicta. A finales de ese mismo año se inauguró la pista para atletismo con sus áreas de campo. En 1969 se construyeron más graderías en el sector este, esto para el IV Campeonato NORCECA, del cual fuimos campeones el 7 de diciembre al empatar con Guatemala a un gol, encuentro al que asistieron casi 29 mil espectadores.

El aeropuerto dejó La Sabana en 1971, dedicándose esta al deporte y la recreación; para finales de los ochenta ya era evidente el deterioro que presentaba nuestro segundo Estadio Nacional, además de que ya no cumplía requisitos de seguridad y funcionalidad, fue cuando se planteó un plan de desarrollo con propuestas de mejoras y ampliaciones, lo que me permitió a la vez obtener mi título de arquitecto.

Algunas de las recomendaciones del plan de desarrollo para el Estadio se ejecutaron, entre ellas la ampliación de la capacidad, en 1989 se construyeron más graderías, esta vez en el sector oeste, la idea era formar algún día una herradura.

En el 2001 se hizo realidad un sueño de nuestros atletas, el Estadio Nacional tuvo una magnífica pista sintética, la primera del país, ahora si se podría entrenar y competir en condiciones óptimas.

A pesar de eso los inconvenientes que la instalación presentaba se mantenían. Desde 1990 un informe de una comisión de ingenieros y arquitectos, enviado al Consejo Nacional del Deporte y la Recreación, mencionaba que la mejor opción era construir un nuevo estadio. Y se dieron momentos oportunos para esto: el glorioso regreso de nuestra selección después de participar en el mundial de Italia 90, y por qué no, celebrar los 50 años de la abolición del ejército con una gran instalación deportiva, con un nuevo Estadio Nacional, pero fueron intentos fallidos, prioridades en otros campos no lo permitían.

Continuaron las mejoras como rampas y balcones para personas en silla de ruedas, corría el año 2005.

Toda una historia de actividades y triunfos grabada en la memoria colectiva del costarricense, en un escenario con ya casi 70 años de madurez, esto sin contar su infancia, cuando fue de madera hasta los doce años de edad.

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