DSC_4027

Para la Liga, el Nacional ya no es lo que era

(Texto por Diego Delfino. Fotos por Pablo Cambronero) –  Minutos antes de que iniciara el encuentro, un empleado de seguridad se acercó a Jonathan McDonald y le pidió una foto. Selfie deportivo, que llaman. McDonald, vestido de civil, accedió. No fue la mejor de sus sonrisas: le tocaba caminar hasta el palco y echarse el partido fuera de la grama. Mal augurio… pensé, mal augurio.

El estadio lucía “casi” lleno pero ese “casi” quedó debiendo. Hablábamos de un clásico que, de haber tenido otra historia, habría supuesto un golpe de autoridad, un liderazgo incuestionable y una despedida soñada para Jerry Palacios. Nada de eso llegó a suceder y sin embargo, la afición manuda que sí asistió se portó a la altura: terminaron, a por miles, alentando a un equipo que caía 0-2 tras ofrecer un limitado espectáculo. Caminaba yo a cientos de metros del estadio y todavía les escuchaba.

A lo largo del partido, sin radio y sin 3G, el palco de prensa puede ser un lugar solitario, silencioso y confuso. ¿Qué hizo Sancho para que lo expulsaran? Alguna novatada, claro está. No supe que fue una mano sino hasta que llegué a casa a ver el resumen. Tras la roja lo seguí de cerca con la mirada en ese trote veloz hasta los camerinos. Llevaba es cara de “hey, soy el tercer alajuelense que se hace expulsar de a gratis en un clásico… en menos de un año, me pregunto si pasará lo mismo que las dos veces anteriores”. Y pasó: Saprissa volvió a desnudar a una Liga que hace tiempo no logra jugar de forma convincente contra su máximo rival.

Ese “torneo aparte” que es el clásico deparó este domingo una jornada que, gracias a dos goles de afiche, sacó del sopor a la gradería… no fue el más vistoso de los encuentros y eso siempre se refleja en ese espejo infalible que es la afición. Hablar de “ambientazo” sería mentir. Agradecerle a café Montaña por el yodo de cortesía es acercarse mucho más a la verdad. Merced a la notable definición de Adolfo Machado y Ariel Rodríguez la grada despertó y ambas barras se hicieron escuchar. Los morados celebraron, los manudos alentaron y, para felicidad de unos y otros no se reportó incidente alguno que lamentar.

Tras una salida ordenada y civilizada casi me permití recordar la experiencia previa a las barras “bravas” de ir al estadio: parejas con camisetas de equipos opuestos, familias enteras ataviadas de ambos colores, gente de uno y otro bando sonriendo y bromeando dentro de los límites de todo lo que bueno que conlleva el fútbol. Esa, y no otra, fue la estampa más valiosa de la jornada.

#ESPECIALSELECR

Etiquetas : , , , , , , ,

Loading Google+ Comments ...