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Quesada y el desafío de las anfitrionas

(Por FIFA.com) – En apenas un mes, Costa Rica recibirá al mundo con los brazos abiertos. El 15 de marzo arranca la Copa Mundial Femenina Sub-17 de la FIFA en suelo tico y la selección anfitriona apura cada minuto en su preparación para estar a la altura de las expectativas en esta cita.

“Tengo mucha ilusión y me emociona, sobre todo, por lo que está sucediendo alrededor de las jugadoras”, comenta el experimentado seleccionador costarricense Juan Diego Quesada. “Las chicas tienen un ánimo muy positivo, están con mucha alegría y toda la intención de que este mundial sea un éxito total”.

El entrenador, que empezó hace más de un año y medio a buscar el mejor talento del país para afrontar el desafío, trabaja actualmente con un bloque de 24 jugadoras con las que este mes intensificará el ritmo para hacer el filtro definitivo.

“Tendremos ahora una gira por Colombia, haremos un torneo en casa, estamos tratando de cerrar un amistoso con Paraguay y el día 8 jugaremos contra China”, detalla el técnico de 52 años. “Tenemos que seguir trabajando la parte táctica, saber qué queremos ir a hacer al mundial y cómo vamos a hacerlo. Son niñas que han tenido que aprender muchas cosas, en muy poco tiempo”.

Flores y piedras
Y destaca el caso de Gloriana Villalobos, un enorme talento de tan solo 14 años. La más pequeña del grupo es la capitana del vestuario. Una jugadora que no sólo brilla con la selección sub-17 sino que también fue parte del grupo que compitió exitosamente en el clasificatorio para la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA Canadá 2014.

“Es una pieza clave. Tiene una gran técnica y una muy buena actitud, tanto dentro como fuera de la cancha. Está muy comprometida con el fútbol y con todo lo que está alrededor del equipo: estudio, disciplina, comportamiento. Es muy buena compañera y está muy pendiente del equipo. Además es un ejemplo muy valioso para todas, porque no demuestra hablando, sino haciendo. Ella se ganó el puesto de capitana. El resto la aprecian y la apoyan”, nos cuenta el entrenador.

Todo el esfuerzo y sacrificio no ha hecho mella en la buena disposición de las jugadoras. “El gran deseo que tienen de estar en este mundial las ha ayudado a superar todas las dificultades. Su actitud, el espíritu de lucha y sacrificio que tienen es su mejor virtud. Han sido muy constantes y regulares en su esfuerzo”, alaba Quesada.

Siempre hay piedras en el camino. Una de ellas es la conciliación de los tiempos de estudio y deporte. “Siempre es complicado, sobre todo con chicas que viven en zonas alejadas porque, lógicamente, sus padres no quieren que pierdan ritmo en la escuela. Por eso hemos adaptado los horarios de entrenamientos e intensificamos el trabajo en los periodos de vacaciones”, nos explica.

Pasado y futuro
Este será el cuarto mundial en el historial del técnico que ya llevó las riendas de la selección masculina en las Copas Mundiales Sub-17 de la FIFA en Trinidad y Tobago en 2001 y en Nigeria 2009. Además, dirigió a las chicas en la primera edición de la Copa Mundial Femenina Sub-17, en Nueva Zelanda 2008.

“Se ha evolucionado en fútbol femenino pero tal vez, no al ritmo que quisiéramos. Tras aquella Copa (en Nueva Zelanda), deberíamos haber apoyado más la especialidad. De todos modos, ha mejorado mucho en cuanto a la cantidad de muchachas que practican y juegan. Se ha consolidado y ya no hay barreras sociales. Estamos más rezagados en cuanto a oportunidad de prácticas, de experiencias formales y desarrollo”.

Además, tiene una fuerte esperanza en el legado que pueda dejar la inminente competición que organizan: “Se ha notado mucho el crecimiento del interés del público. La gente está entusiasmada, y quiere ir al estadio. Están muy vinculados con las muchachas. Para nosotros es muy importante sentir su aliento. Sin dudas, el Mundial va a abrir los ojos a este país sobre el fútbol femenino”, confía.

De momento, tiene controlada la emoción de vivir su primer mundial en su propia tierra. Y hace alarde de templanza mientras se acerca el momento del debut: “Soy un entrenador que no vive de los picos. Ni me emociono mucho con lo bueno, ni sufro demasiado con lo malo. Trato de entender que el fútbol es un juego en que se gana y se pierde. Hay que disfrutar y sufrir pero con moderación en ambos casos”, recomienda.

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